El Gravetiense
La época de la mano en negativo. Por toda Europa la gente apoyaba las manos en la roca y soplaba ocre a su alrededor — en Gargas, en Cosquer, cuya entrada yace hoy bajo el mar — mientras mamuts y cabras montesas poblaban las paredes.
El mundo de entonces
Una Europa fría, cazadora de mamuts, de llanuras inmensas e inviernos largos. Los grupos siguen a las manadas bajo el hielo que avanza, y una cultura compartida se extiende del Atlántico a la llanura rusa: la edad de las grandes «Venus» y de las manos apoyadas en las paredes.
El arte
La mano estarcida es la firma: pigmento soplado en torno a dedos abiertos en Gargas y Cosquer, a veces con falanges aparentemente ausentes —rito, congelación o código, nadie lo sabe—. Los dedos arrastrados por la arcilla blanda de las cuevas llevan animales a través de la oscuridad, y en Cussac los grabados comparten la cueva con los muertos.
Qué representaban
Los mamuts pasan al primer plano junto a caballos e íbices; las paredes de Gargas llevan más de doscientas manos: de hombres, de mujeres y de niños. Lejos de Europa, en Bhimbetka y en los bloques de Murujuga, tradiciones del todo separadas cuentan ya generaciones.
Verlo hoy
Gargas recibe visitantes en la cueva original: estar ante esas manos es uno de los encuentros más directos del arte rupestre. Cosquer, con la entrada ahogada por el mar ascendido, se vive en la magnífica reconstrucción Cosquer Méditerranée de Marsella.